Educando en tiempos de relativismo

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Educar es mucho más que impartir conocimientos. Es enseñar a amar, es sacar de cada hijo lo mejor de sí mismo, es enseñarlos reconocer el camino a seguir para ser buenos y felices. Cuando el mundo y la sociedad están tan confundidos que no saben qué camino es bueno, o ni siquiera pueden reconocer que hay caminos que llevan a la felicidad, entonces la labor de educar se pone cuesta arriba.

El mundo actual nos recrimina si tenemos una opinión, nos pide una tolerancia que implica no comprometerse con nada, nos humilla y ridiculiza si nos atrevemos a expresar nuestro punto de vista. La semana pasada en una discusión de Facebook (si ya sé lo que me van a decir: para qué me pongo a discutir en Facebook… tienen razón) una persona que ni me conoce me dijo que estaba del lado equivocado de la historia por mi opinión en un tema moral muy discutido.

Quiero educar a mis hijos para que no les importe estar en ese “lado correcto de la historia” que implica decir lo políticamente correcto. Quiero que sepan que están llamados a buscar la verdad perseverante y sinceramente, y quiero que no tengan miedo de hablar de ello. Quiero que tengan opiniones, que se involucren, que no les de lo mismo una cosa u otra. Quiero que se apasionen por los temas, que reconozcan que así como hay mil temas opinables, también hay otros miles en los que debemos levantar la voz y distinguir el bien del mal.

Quiero que mis hijos sean valientes, que no les importe el que dirán. Que sean fuertes para defender a los más débiles o a los que no tienen voz. Quiero que sepan que las modas pasan y la verdad es la verdad aunque la mayoría diga lo contrario. Quiero que mis hijos sepan discutir con verdadera tolerancia y caridad. Quiero que respeten las opiniones de los demás y sepan escuchar, porque escuchar a los demás es parte importante del recorrido hacia la verdad.

Quiero que sepan que tener Fe no los hace débiles, ignorantes o retrógrados. Quiero que entiendan que aunque el mundo les diga lo contrario, su fe los fortalece y complementa su conocimiento. Quiero que sepan que tener un sistema de valores y creencias los sostiene y le da sentido a su vida. Quiero que no se avergüencen de lo que son, de su cultura, de su origen y sepan mostrarlo al mundo.

En esta época es mucho más fácil quedarse al margen de los temas difíciles. Pero al hacer esto les estamos transmitiendo a nuestros hijos que no vale la pena levantar la voz, que su opinión no importa y que es preferible quedarse callados. Sólo padres valientes y comprometidos son capaces de criar hijos que puedan moverse en este mundo relativista con verdadera convicción, aceptando las diferencias y buscando la verdad.


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